Buen viaje, preciosa

Cruzó el bosque sola. Aquella noche ni los reflejos de la luna le hicieron compañía evitando volverse cómplices de semejante locura. Con menos de 15 primaveras, Belissa había sufrido en carne propia lo que el resto padece solo en pesadillas. Ese era un buen día para partir.

Rizos negros, piel canela, hermosa por donde se le viera pero siempre desdichada. Cuatro años atrás su madre dejó este mundo por decisión propia. “(…) sentimientos que no puedo seguir ocultando”, escribió en una carta de despedida colmada arrepentimientos y absurdas disculpas.

Belissa seguía caminando sin rumbo, despeinada por la brisa y con tierra en las mejillas. ¿Qué haría su padre sin ella?, pensó en voz alta. Se respondió de igual manera como si alguien la estuviera cuestionando: “enloquecerá hasta lograr apropiarse de la pureza de alguna otra niña.”

Sandro siempre tuvo en abundancia todo lo que el dinero le pudo facilitar, los lujos eran parte de su vida cotidiana y sentía merecerlo todo. Cuando conoció a la madre de Belissa, supo que esa mujer debía ser suya y no le costó mucho volver realidad su capricho.

Mariela venía de una familia acomodada, pero demasiado conservadora. Sandro se convirtió rápidamente en “su salvador”.  Era huir a su suerte o aceptar la propuesta de matrimonio de un casi desconocido, pero buenmozo y adinerado joven. Se casaron en una ceremonia sin demasiados aspavientos y con la pronta llegada de Belissa nacieron también los primeros problemas.

Sandro siempre sintió una fascinación enfermiza por las niñas, pero eso qué iba a saberlo su esposa ¡si apenas lo conocía! Su conducta se vio agudizada con el nacimiento de su primogénita, a quien nunca pudo ver con la ternura de un padre protector.

Cuando Mariela (luego de ignorar muchas señales) dejó de cegarse ante la penosa situación a la que estaba exponiendo a su hija, prefirió ignorarlo todo por miedo y conveniencia. Sin oficio ni profesión que le permitiera salir adelante y llevándose mal con su familia ¿qué hubiera sido de ella y Belissa si decidía hacer algún reclamo? Prefirió callar… hasta que su conciencia la llevó al suicidio dejando a su hija aún más desprotegida.

Belissa siguió atravesando la oscura noche. Mientras más se alejaba de su casa, se sentía más libre. Llegó a orillas de un río y se detuvo a mirarlo con ternura.  Le pareció el retrato más hermoso jamás visto. Ese era el lugar al que siempre la llevaban sus sueños.

Un hombro al descubierto, luego el otro… y así el resto de su cuerpo. Cuando la joven terminó de desvestirse, continuó el ritual para dejar en libertad su alma por esos caminos. Anduvo entre filudas piedras hasta que el agua comenzó a salpicarle el rostro y se unió a la danza eterna de aquel caudaloso río, dejándose arrastrar feliz por la corriente.

Anuncios
Etiquetado , ,

6 pensamientos en “Buen viaje, preciosa

  1. ruloza dice:

    Me deprimí 😦

    Por otro lado, me gusta que el texto sea tan gráfico.

  2. me encanta mujer. muy buena historia =)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: