Camino a casa

La flaca estaba profundamente dormida, hasta babeaba creo. Veinte años a lo mucho. Su cabeza, apoyada en la ventana de la couster, rebotaba en cada bache y temblaba al compás del motor. Su enamorado la tenía abrazada y la miraba de rato en rato, embobado él. Cuando notó que la chica podía hacerse daño, trató sin éxito de acurrucarla contra su hombro. Duro el sueño de la flaca. El pata estiró su brazo derecho y acomodó su mano entre el vidrio y el cachete de su amada. Incomodísimo la seguía mirando con cara de cojudo, velando su sueño. Media hora en ese plan, pobre brazo. Me bajé del carro y dejé al chico en la misma posición, de todas maneras adormecido. 

Eso es amor, csm.
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